¿El año del libro electrónico?

Cuando llegamos a estas fechas, es inevitable verse asaltado por todo tipo de resúmenes del año pasado y predicciones para el año siguiente. En este caso una predicción que se ha dicho en la entrada “los editores españoles van a equivocarse con el ebook” es que “el 2010 es el año del libro electrónico”.

El caso es que desde que tengo mi kindle, estoy seriamente interesado en la evolución de los libros electrónicos y quiero dejaros mis apuntes para el futuro. Puede que yo esté más o menos equivocado que las editoriales, pero solo el futuro puede darnos o quitarnos la razón.

En este post (atención es un poco largo) os voy a dar mi opinión personal sobre el tema.

Como observador del mundo tecnológico y, a veces, como ciudadano de a pie, he constatado que los cambios de hábitos, en nuestra civilización de internet, son mucho más rápidos de lo que lo han sido en años anteriores. No es este un sitio adecuado para análisis sociológicos, pero lo que es cierto es que las personas suelen cambiar la manera de hacer las cosas, pero no cambian fácilmente las cosas que hacen. Por ejemplo: la gente lleva escuchando música desde los tiempos más remotos, ya sea en forma de tambor tribal, de orquesta medieval, de coro en la iglesia o dando botes en una discoteca. Lo que ha cambiado los años no es el placer de la gente por escuchar música, sino la forma en que disfruta de ella. Ahora se escucha música en cualquier casa (propiciado desde la invención de los gramófonos), cuando antes solo se podía escuchar en directo y en los sitios acondicionados para ello. La tecnología, en suma, sirve como instrumento facilitador para hacer llegar a más gente cosas de las que ya se disfrutaba antes.

Es cierto que hay veces que la tecnología descubre nuevas cosas que hacer y placeres imposibles sin ella (como los videojuegos), pero al fin y al cabo solo explotan y amplian otros anteriores (como ir de caza, los deportes, etc.). La vida de los humanos, con o sin tecnología, consiste en una búsqueda permanente de qué hacer para sentirse mejor. Y gran parte del mundo se dedica a proporcionar esas cosas a la gente (música, literatura, películas, videojuegos,…) como parte del mercado global del “placer”.

Volviendo al tema del título, que ya estamos perdiendo el norte, la literatura ha sido uno de los más antiguos medios de la humanidad para obtener placer (amen del intercambio de conocimiento), todos los avances literarios (que no son muchos) han sido siempre encaminados a hacer más accesible el material escrito a sus consumidores (que no siempre clientes). El invento de las bibliotecas, como recinto del saber y almacén de obras literarias, no tiene otro objeto que el de compartir estos escritos con la mayor cantidad posible de personas. Lo mismo que el desarrollo de la imprenta y más adelante los formatos electrónicos.

A nadie le parecería que un avance en estos aspectos (disponibilidad y distribución) de las obras escritas pudiese ser “perverso” o “perjudicial” para nuestra civilización… Salvo a algunos extremistas a los que el conocimiento molestase o llevase la contraria en sus ideas particulares, ejemplos hay miles y ninguno bien visto ya que incluía destrucción de bibliotecas y/o quema de libros, eventos que a todos nos conmueven y molestan. Así pues, este año pasado hemos asistido a un acontecimiento más de entre los avances posibles en la tecnología aplicada a la literatura… La popularización de los e-readers o lectores con tinta electrónica, que permiten disfrutar de la lectura de manera similar a como se hace con el papel… Una buena noticia ¿o no?

Para los lectores americanos esto no es ninguna noticia, hay millones de kindle vendidos y las cifras de ventas de dispositivos y obras para poder leer en los mismos es impresionante, llegando a vender Amazon en Navidad más libros en formato digital que en papel. La madurez de estos dispositivos y la disposición del público a hacer uso de las múltiples ventajas del nuevo formato parecen, al menos en EEUU, un hecho.

Al margen que nuestro pais, tarde o temprano, suele seguir las tendencias americanas en todos los ámbitos sociales (desde comer hamburguesas, hasta escuchar su música, ver sus películas, utilizar su iphones…), parece que las ventajas inherentes que ofrecen los ereaders hacen, por lógica, inevitable el advenimiento de esta nueva forma de leer libros también en nuestro pais. ¿Qué cambios se necesitan para que todos salgamos ganando con ello?

Primero: ser parte de la solución, no del problema:

Al igual que pasó con la música cuando se presentaron los primeros reproductores de mp3, parece que la industria editorial tradicional no sabe donde colocarse. Si escogen, al igual que en el mundo de la música, el lado de los soportes, resultará que los lectores, sus clientes, YA NO QUIEREN ESOS SOPORTES. Una realidad que nadie puede discutir. La gente, el mercado, ya no quiere libros en papel con distintas encuadernaciones y tiradas grandes, ahora quiere “el contenido”. Ya no aporta valor tener más o menos tirada, porque las copias digitales son instantáneas y se puede llegar a ellas desde casa y sin esperar (o desde el mismo ereader), ya no aporta valor la calidad del papel, la cubierta o el tiempo que tarde en estar en la librería… Y la gente no suele querer pagar por lo que ya no le aporta nada. Es cierto, sin embargo, que mucha gente seguirá comprando copias en papel y seguirá necesitando verlo físicamente para poder leer, pero ese será un mercado mucho más pequeño.

Sin embargo, igual que se demuestra en el mundo de la música, si al cliente se le pone fácil y asequible el acceso a los contenidos que desea, se paga. Se paga menos, si, pero es que los costes son infinitamente menores y el mercado potencial es muchísimo mayor. Si eligiendo el lado equivocado, criminalizamos a los lectores de ebooks: “cualquiera se podrá descargar gratis un libro…”. Convertiremos a nuestros clientes en parte de nuestros problemas, en lugar de ser la solución. Los distintos sistemas de DRM no hacen sino poner puertas al campo y darnos un libro “mutilado” que solo se podrá leer en ciertos dispositivos y bajo ciertas circunstancias… ¿No quedamos que los avances tecnológicos iban siempre encaminados a conseguir lo contrario? Esto solo genera problemas adicionales a los clientes, en lugar de quitárselos. Eso si, hay compañías como Adobe que están encantadas de cobrar por cada libro vendido con su DRM… ¿Cobrar sin aportar valor? ¿en qué mundo vivimos?

¿Qué nos depara el futuro? En mi opinión, un acceso universal a todas las obras existentes, pasadas y futuras, desde la comodidad de nuestra casa o lector, unos precios asequibles y servicios de valor añadido a nuestra lectura. Todo ello generará negocio y generará nuevos puestos de trabajo… Y también los destruirá, es algo inevitable. Pero para llegara a este punto los autores, los editores, los legisladores, e incluso los lectores, tendrán que modificar su visión de las cosas.

Segundo: Adaptarse o morir…

Tradicionalmente, entre el productor y el consumidor existe toda una cadena de distribución que, en los productos físicos, hace su pequeña aportación al valor y al precio del mismo (igual más al precio que al valor), ya que la especialización en los productores impedía asumir más costes para su distribución geográfica. El crecimiento de internet y la automática gratuidad de la distribución de productos electrónicos hace que cada vez sea menos necesario disponer de una cadena de distribución. Las ventas de un videojuego, canción, película o libro puede hacerse desde un servidor en cualquier parte del globo y el coste de hacerlo llegar al cliente es el mismo si está a 5 que a 50000 kilómetros. Si el transporte ya no es un problema, no hay ninguna razón para que el producto no se venda directamente al usuario, teniendo, como valor adicional para el productor, el contacto más íntimo con su cliente.

¿Dónde dejará esto a las editoriales? En donde aporten valor, como siempre. En el mundo digital no se necesita toda la maquinaria de “cadena de distribución”, por lo tanto habrá que reducir gran parte de ella y reconvertirse en lo que en el fondo siempre han sido: “brokers de derechos”. Sin la esclavitud de contratos leoninos con las editoriales, los autores serán mucho más libres de elegir las vías de publicación y, por tanto, éstas tendrán que ofrecer más ventajas a los autores y llegar a ser sus “managers” más que sus patronos. Cualquiera que no admita que ya no se necesita una industria editorial como la que actualmente tenemos, estará abocado a la desaparición. Evidentemente hay aspectos que la industria editorial tiene desarrollados hoy en día que serán necesarios en el escenario futuro, como la traducción, corrección y promoción de títulos. este sería un buen punto de partida para su reconversión.

Como ya bien apuntaba Cory Doctorow “cuando nació Internet, el 80% de la música grabada a lo largo de la historia no estaba disponible a ningún precio. Se había borrado, olvidado, retirado del mercado. Según las conclusiones alcanzadas por el Tribunal Supremo de EEUU (…) se trata de un fenómeno típico: el 98% de todas las obras con derechos de autor no están disponibles en el mercado”. Esto implica que el mercantilismo de los productores (ya sea musicales o literarios) ha abocado al olvido gran parte de nuestro elenco cultural. ¿No es eso como quemar libros? La reacción ante esta carencia de capacidad distribuidora de las editoriales simplemente, no existe. La iniciativa de google para recuperar gran parte de los títulos olvidados ha recibido grandes resistencias por los culpables de este olvido. Y es que, a nivel de derechos de autor, siempre seremos como el perro del hortelano, ni comemos ni dejamos comer.

Tercero: Ahora que todos somos vecinos…

En esta aldea global donde, por más que intenten evitarlo los lobbies pro-derechos-obsoletos-e-innecesarios, las leyes tienen tanta validez como en el mundo real, se ha propiciado que las comunicaciones directas con los autores sean mucho más frecuentes que antaño, ahora no existe una burbuja artificial creada entorno al creador y es muy sencillo conocer a cualquier autor, sea este “comercial” o no. Y lo que es más, ahora es posible conocer y “presionar” a cualquiera sin ser lobby ni tener amigos importantes.

Recientemente, la modificación del proyecto de ley de economía sostenible que impondrá el control administrativo de lo que se puede y no se puede enlazar en la web (controlado por un órgano puesto a dedo y en el que los “afectados” serán juez y parte), tramada e intentada pasar “de tapadillo” para que nadie se quejase (aderezada con una manifestación de millonarios llorando ante el ministerio de industria) hizo saltar todas las alarmas entre aquellos que se suelen leer los proyectos de ley… Y destapó el verdadero poder de internet.

En menos de 24 horas se habían mandado miles de mensajes por twitter, se había generado un manifiesto “En defensa de los derechos fundamentales en internet”, se había creado un grupo en facebook para apoyar este manifiesto y tenía muchos miles de seguidores (ahora mismo van por más de 200.000) y la indignación general por la mala treta del gobierno y la inseguridad jurídica que introducía en nuestra legislación saltó del mundo virtual al real. El efecto final de este movimiento comunitario, de indignación y de civismo al mismo tiempo, se verá en la aprobación final de la ley, pero un hecho había quedado al descubierto: “las personas en internet también tienen opinión y quieren ser escuchadas”.

El intento desesperado por las industrias ¿culturales? de nuestro país de seguir manteniendo un modelo de negocio al margen de internet y, lo que es peor, al margen de sus propios clientes había sido contestado inmediatamente y con un mensaje claro: NO SE DEBE LEGISLAR CONTRA EL PUEBLO. Y en lo referente a la industria, un mensaje más claro, debían abandonar cuanto antes los modelos caducos y obsoletos y hacerlo rápido.

Cuarto: encontrar el modelo correcto

De acuerdo a todo lo dicho anteriormente, queda claro lo que la gente – el mercado – necesita que se le proporcione: la manera de encontrar y poder adquirir sin restricciones lo que quiera, cuando quiera y para el dispositivo que quiera. En el caso de los libros necesitará la manera de poder adquirir, hojear y comentar los libros electrónicos en internet sin restricciones de dispositivo y a un precio asequible.

¿y si no se nos proporciona este sistema? Pues lo tendremos igualmente, pero sin poder recompensar a los autores. Podremos encontrar en las redes P2P, o mediante otros medios, los mismos libros en formato electronico y desprotegidos por un coste cero. Y ¡ojo! esa será la primera opción para muchos, ya que no dejará de existir, pero para otros muchos la opción correcta pasará por pagar un precio justo al autor, siempre que le den la oportunidad de hacerlo. Ejemplos existen de muchos tipos, el miedo atávico de las editoriales al pirateo no se sustenta de ninguna manera si vemos iTunes, en música, que eliminó sus restricciones DRM hace tiempo, o cualquier otro servicio de pago voluntario (pagar comisiones por las entradas sacadas por internet, o por la lotería comprada así, etc.) es el valor añadido que le aporta al cliente lo que le da la sensación de pago justo, no la imposibilidad de hacerlo por otros medios.

En resumen

Si habeis resistido hasta este punto (o habéis pasado el scroll hasta aquí), os contestaré a la pregunta que da título a este post: ¿2010 será el año del libro electrónico?

En mi opinión no todavía, los lectores son relativamente caros, limitados en lo que podrían ofrecer y aún hay resistencias psicológicas a llevar un aparato de estos en el metro… Y lo que es peor, todavía no hay una oferta, presente o futura, de ebooks en lengua castellana. Sin embargo este es el año decisivo donde se deberá trazar el modelo definitivo que nos llevará al triunfo del ebook remunerado o de cualquier otro modelo basado en las mentiras sobre la propiedad intelectual y la falta de miras por parte de la industria editorial.

Los únicos que tienen claro lo que quieren y necesitan son los consumidores, ahora los gobiernos y los productores son los que tienen que atenderlos o meterlos meternos a todos en la carcel.