La insoportable levedad del trabajador

Hay veces en las que me olvido de que soy un empresario y me dedico a trabajar, como cualquiera en cualquier empresa, soportando los caprichos de los clientes y olvidándome de todo lo demás. En el fondo puse la empresa para poder evitar las arbitrariedades de un jefe que, generalmente, no estaba capacitado para dirigir equipos de trabajo más que para cualquier otra cosa, cosa que igualmente podría hacer yo.

Sin embargo, no es lo mismo ser jefe que ser empresario. He tenido que hacer las entrevistas de trabajo a todos mis empleados y, generalmente, he acertado al contratarlos. La mayoría son excelentes profesionales y muy entusiastas en su trabajo. Tengo que reconocer que no les pago demasiado, pero las condiciones que les ofrezco nada tienen que ver con lo que se vive en una gran consultora o una carnicera al por mayor… En fin, que considero que la empresa es el conjunto de gente que está comprometida con ella y ese es nuestro único capital real (porque del otro ya no nos queda nada, todo hay que decirlo).

Hay momentos, como empresario, que desearía no tener que pasar. A parte del momento en que saco la calculadora para ver si hay dinero en la cuenta para pagar las nóminas y los impuestos, es algo terriblemente complicado para mi tener que despedir a alguien. Solo lo he hecho cuando la supervivencia misma de la empresa dependía de ello y he intentado evitarlo a toda costa en cualquier otra circunstancia… Aunque alguna vez he deseado no tener tantos escrúpulos.

Toda esta introducción viene, sirvame de descargo, provocada por una reclamación que he recibido por un ex trabajador de mi empresa que se empeña en cobrar atrasos de convenio (se acaba de firmar un nuevo convenio tic que sustituye al de 2006) año y medio después de que abandonase la empresa. No voy a entrar en el tema de si es legal o no, o de si finalmente tendremos que pagárselos, pero si os contaré una de las historias amargas de mi vida como empresario.

La historia, como tantas otras, comienza cuando, por necesidades de un proyecto, decido contratar a alguien con el perfil que me interesa para la empresa. Un chico joven, con ganas de aprender, titulado en informática y que viva cerca de la empresa. La verdad es que no son demasiados requisitos, y si hay ganas de aprender y una carrera por detrás, está bastante garantizado que podrá adaptarse a las circunstancias técnicas del puesto. Sueldo ligeramente por encima de convenio y buenas condiciones laborales.

Después de una selección corta (tampoco soy hombre que guste de hacer muchas entrevistas) encuentro a un buen candidato. Aparentemente está preparado y parece que podrá asumir el proyecto que ya tenemos empezado y para el que me he quedado sin recursos. El nuevo asume el proyecto, inicialmente con mi dirección y poco a poco le fuí dejando que tomase las decisiones, sin embargo el resultado no convence al cliente y tenemos que, prácticamente empezar de cero… Resultado, el primer proyécto con pérdidas importantes que se come todos los beneficios del año. Decido asumir personalmente el resto del proyecto (igual ha habido mala suerte) y envío a esta persona a un trabajo más relajado, a trabajar 35 horas a la semana a un cliente de la administración, con el compromiso de recuperar las horas trabajadas de menos de alguna manera.

Cuando el cliente me indica que el rendimiento de esta persona es bajo, incluso bajo los parámetros de los funcionarios, decido que ya es hora de que empiece a recuperar las horas antes de que pierda la costumbre de trabajar… Pero no encontramos una fórmula que guste a ambas partes. El cliente decide “devolverme” al trabajador (para hacer lo que hace, ya lo hacemos nosotros y más rápido me cuentan) y aqui empiezan mis problemas. A pesar de su bajo rendimiento y de que se ha tirado varios meses trabajando 5 horas menos a la semana, se niega a recuperar las horas y/o perder días de vacaciones… Bueno, igual ha habido mala suerte también, lo dejaremos correr a ver si consigo que encaje en algún proyecto.

El siguiente proyecto que consigo, es en colaboración con otra empresa de software y acordamos realizar el trabajo en nuestras oficinas, bajo la supervisión de su jefe de proyecto. Asigno a esta persona al proyecto esperando que, al ser algo más interesante y estar en nuestra oficina, demuestre mayor interés… Pero no. El cliente después de un mes casi sin resultados no solo se queja sino que exige que se traslade a sus oficinas para poder saber porqué las cosas no salen a tiempo (se supone que es una persona preparada). Tras otro periodo de tiempo allí me indican que “se le cae el boli cuando llega la hora da igual lo que esté haciendo” y que su trabajo no responde a las expectativas normales de un programador de su categoría… Además, se les a causado tales retrasos que necesitan trabajar más días de los previstos. Intento que este chico trabaje más horas (pagándoselas o recuperando de las que nos debe) y dice que nones. Intento que trabaje la semana antes de la entrega (retrasada por su causa principalmente) y me dice que se va de vacaciones… Vamos, que nos deja con el culo al aire a todos.

Total, una joyita que había producido un montón de pérdidas a la empresa y que no era un ejemplo muy bueno para los demás que estábamos por allí. Le comuniqué nuestro malestar y cuando llegó el momento de las subidas de sueldo no se lo subí… Estas dos cosas le indicaron que ya era tiempo de dejarnos y se buscó un sitio donde poder trabajar más a gusto (ya no se si sigue allí o no). Estoy hablando de hace más de un año.

Para mi fue un fracaso, como empresario y como técnico, no haber podido reconocer que esta persona no daba el perfil para la empresa. El caso es que el resultado neto del trabajador para la empresa fue negativo, es decir, nos gastamos mucho más dinero en pagarle la nómina que lo que ingresamos por los trabajos en los que participó (amén de los problemas de gestión y comerciales que tuvimos a raiz su bajo rendimiento). Creí que era una lección a aprender y lo asumí como tal. Pagando el finiquito me recordó que no le había subido el sueldo ese año (!!) y que creía que tenía derecho… Lo dejamos ahí.

El caso es que exáctamente 13 meses después me manda un correo recordándome que ya se ha firmado nuevo convenio y que quiere cobrar sus atrasos…

He dejado el caso en manos de mi gestoría, repito, no se si le corresponde o no, lo que si se es que este es el peor ejemplo de profesional que he conocido jamás. No solo ha trabajado menos de las horas por las que se le ha contratado, sino que ha demostrado una inflexibilidad y falta de consideración desmesurada por su empresa y por sus compañeros… Y no solo eso, sino que ahora, cuando nuestra empresa está en una situación muy delicada a causa de la crisis tiene la poca decencia de exigirnos más dinero. ¿Tendré que despedir a alguien más para poder hacer frente a este pago inesperado?

Hay días en los que odio ser empresario…